A veces resulta necesario plantear los análisis de los aconteceres sociales desde una perspectiva ingenua, desplegar una mirada desde el desconocimiento, aniñada si se prefiere. Porque ello nos permite cuestionar los paradigmas, revalorizar sus categorías estructurales y renombrar los conceptos que puedan explicarlo o redefinir nuestro proceder intelectual en la confirmación conceptual. Sin embargo, cuando somos partícipes de esos acontecimientos, esa perspectiva es una mera consecuencia de nuestra posición.

Desde ese lugar es que voy a trazar algunas consideraciones acerca de la movilización golpista programada para el próximo 18 de febrero. Entonces, a sabiendas de quiénes convocan, desde qué roles lo hacen y cuál es su fin último, el planteo más ingenuo que se puede realizar es ¿por qué  la movilización?.

En principio deberíamos reconocer que los convocantes a la movilización son los mismos actores que fraguan el golpe judicial. Estos ciudadanos privilegiados que gozan de total impunidad mientras respondan a los lineamientos mafiosos de la corporación judicial, están acompañados por quienes pueden falsear los sentidos masivamente y por quienes disponen de los recursos económicos (locales e internacionales) para solventar fuerzas de choque y  capacidad cuantitativa para desbalancear los logros socioeconómicos. El único escollo para llevar adelante el golpe parece ser que este conjunto pertenece a la elite de una minoría y aunque la misma presente gran homogeneidad, sus intereses son incompatibles con los de otros sectores, un conjunto mayoritario muy difícil de someter sin el uso de la fuerza explícita, la represión total.

Sin embargo esa objeción no alcanza, dado que cuentan con capacidad económica y apoyo táctico internacional para corromper cualquier institución armada y utilizarla para esa represión. Por el contrario, destinan esos recursos a los medios concentrados para trasladar a otros sectores las tensiones que la minoría golpista sostiene con un gobierno que utiliza los recursos del Estado para incluir a los sectores sociales desfavorecidos por los modelos de desarrollo que se imponen globalmente, tensiones diseñadas desde la monopolización discursiva, (obviando los  pactos normativos de la sociedad y, en última instancia, recurriendo a la complicidad de quienes deben administrar esos pactos para no cumplir las sanciones que les corresponden o para eludir sus obligaciones). Destinan esos recursos a las organizaciones políticas para institucionalicen esas tensiones implantadas, legitimándolas en su representatividad y conformando una pan-oposición entorno a ellas. Destinan esos recursos en sobornar a referentes del FPV para que deserten del proyecto o fagociten sus estructuras. Destinan esos recursos al Poder Judicial que provee las herramientas prácticas para sostener los privilegios de los desobedientes a ese pacto, la impunidad sobre toda acción destituyente y la falsificación de faltas para la justificación de esos actos.

Y aún así, no han logrado mucho hasta ahora. Los medios no pueden construir tan fácilmente una realidad que por fuera de ellos no es perceptible, pues una cosa es sobredimensionar, ampliar o criticar y otra es mentir, la mentira puede ser confrontada en la vivencia por el destinatario, pero a la corporación mediática ya no le queda otro recurso. Los sectores económicos-financieros, logran atentados económicos menores que no se pueden sostener en el tiempo y, para su mayor decepción, la colaboración de la mafia internacional de los fondos buitres solamente fortaleció el apoyo popular al Poder ejecutivo. Las organizaciones políticas pretendieron conformar acuerdos que les permitan reunir a sus representados, acuerdos estériles en su dimensión cuantitativa, hacia adentro de las organizaciones oficialistas, tuvieron mejor puntería, maduraron referentes políticos opositores al modelo, pero las mayorías inorgánicas que respaldan el proyecto oficial hicieron valer su voluntad en la reelección de CFK y hoy son la resistencia manifiesta al nuevo referente opositor implantado en las organizaciones oficialistas (Daniel Scioli). Por otra parte, las fuerzas de choque hoy organizadas por un puñado de sindicalistas, apoyan cualquier manifestación opositora, pero sujeta a las necesidades del agente infiltrado dentro de la organización política oficialista (cuyos márgenes aún se encuentran algo restringidos por la militancia). El Poder Judicial, cuya estructura carece de los mínimos resortes democráticos que necesita cualquier institución oficial, aportó su capacidad burocrática, su impunidad interpretativa y sus agentes corporativos (que incluyen fuerzas de seguridad y espías), para sostener las operaciones de los anteriores, sin embargo hoy día se perfilan como los operadores mismos y ello se explica solamente en los fracasos anteriores.

A estas alturas podemos decir que no necesitan movilizarse para establecer sus fuerzas coactivas ni su capacidad táctica. A estas alturas podemos detectar que dirigen sus esfuerzos y recursos hacia nosotros, los sectores populares. A estas alturas podemos entender lo que logran sobre nosotros: nos seducen, nos amenazan, nos engañan, nos usan, nos quitan, nos asustan, nos dividen, nos condenan.. en fin, nos desafían. En esta posición, entonces, debemos asumir la ingenuidad y atender puramente lo inmediato: necesitan movilizarse para disimular esa fuerza en la legitimación popular de su objetivo, necesitan travestir su minoría en mayoría… disimular su proceder antidemocrático.

La búsqueda de legitimidad (en rigor de su sensación o apariencia) es el eje central que nos permitirá resolver de un modo u otro el tablero golpista que se nos presenta como campo de acción. En este tablero algunos pretenden erguirse como ajedrecistas y no creo que sea por ingenuidad, sino por cobardía. Quiero decir, no es un tablero de ajedrez; en un tablero de ajedrez las fuerzas están equilibradas en el comienzo (más allá de la pequeña ventaja reglamentaria de las blancas) y el objetivo es dejar acéfala a las fuerzas rivales; en este tablero, por el contrario, la oposición se conforma con piezas pertenecientes a otros tableros bajo el mando de una Hidra de Lerna, sin contar que no acepta reglas o bien puede establecer nuevas.

Sin embargo, continuando con la metáfora, el gobierno cuenta con una Dama y millones de peones. Los cobardes, o ajedrecistas, parecen dispuestos a sacrificar a su Dama, algunos para cambiar posiciones en el tablero, otros para disimular su rendición. Los cobardes, ya abandonada la metáfora, ni siquiera se manifiestan contra el quiste neoliberal en su propio cuerpo; ellos llaman a esperar el pedido de auxilio de su jefa, pero por suerte la gran mayoría de los peones no confundimos el tablero, no confundimos el espacio de confrontación ahora propuesto, entendemos que nos desafían a que manifestemos nuestra voluntad como pueblo, nos desafían a defender nuestra Dama, defenderla como nuestra compañera, nuestra igual, porque ella representa la oportunidad de nuestra existencia como partícipes activos del desarrollo histórico de nuestra Nación.

Para aclarar algunas cosas, no hago un descargo contra la pasividad de las organizaciones políticas oficialistas, ni una crítica a la posición intelectual o estratégica con que justifican esa pasividad. Simplemente pretendo acercar una instantánea del panorama desde nuestra perspectiva, la de los representados inorgánicos que legitiman este gobierno, la mirada ingenua que salta por encima de los referentes y las estructuras organizativas, la que permite encontrarnos con el único referente que hemos legitimado, Cristina Fernández de Kirchner.

Pero nuestra perspectiva ingenua no es otra cosa que una consecuencia de nuestra posición en el tablero, pues es aquí donde los golpistas vienen a buscar esa legitimidad que no tienen, pues es aquí donde la pasividad se convierte en complicidad, pues es aquí donde se notarán las pérdidas o beneficios de cualquier acción que se lleve adelante. Nuestra posición en el tablero también nos permite distinguir la cobardía de las organizaciones, porque acá nos asumimos como carne de cañón y solamente pedimos una mínima garantía de que nuestro sacrificio no sea vano, porque sabemos que la posición de nuestro referente común, nuestra Dama, no puede ser tomada en tanto ello anula nuestra existencia.

Reaccionar ante el avance golpista quizá sea de ingenuos, pero ello no quita que sea una manifestación popular legítima. Esperar a que se consume el golpe quizá sea una jugada estratégica, pero ello no quita que sea una jugada cobarde.

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