La última entrada que publiqué aquí, trataba de cómo las empresas de comunicación desarrollan estrategias para dirigir las tensiones y estimular la anomia creando contextos criminológicos que favorezcan a las clases socioeconómicas que concentran el capital. Allí mostraba dos casos particulares, aunque no excepcionales, que eran los de Argentina y México, donde para el primer caso el cumplimiento de los valores normados por parte del Estado obligaba a las clases socioeconómicas dominantes a construir un imaginario de administradores inmorales (esto dado que la administración no los favorece o privilegia) y de ese modo legitimar su incumplimiento, promocionando así un nuevo cuerpo de valores no normados con pretensión hegemónica sobre el resto de los sectores sociales.

Recientemente el periodista Jorge E. Lanata en su último programa televisivo, Periodismo Para Todos, puso el mecanismo descrito de modo evidente y en forma claramente violenta. De la forma no hay mucho para decir, las cualidades personales del periodista se lo permiten y es la forma esperable. Respecto del modo trata esta entrada.

Lanata realizó una lectura sesgada acerca del peculio (“sueldo”) que cobran los internos penitenciarios (“presos”), sin especificar por qué lo cobran, qué norma lo permite, ni cómo se hace efectivo el cobro. Por otra parte comparó el monto de ese peculio (que no se corresponde con el promedio sino que es el más alto) con el monto de la prestación jubilatoria (que tampoco se corresponde con el promedio, sino que es el menor). Su mensaje fue el siguiente: “Mi recomendación a todos los jubilados que cobran menos-  y que son un montón-es…. afanen”. Y ante la aprobación de su cohorte de reidores agregó “Abuelo ¿No lo hizo hasta ahora?… ya está ¿quién carajo le va a decir algo?” “Va a estar calentito, va a ganar más. Afane, cague a trompadas a alguno, va a ganar más. Va a estar protegido”. (http://www.diarioregistrado.com/sociedad/106786-jorge-lanata-le-aconsejo-a-los-jubilados-que-salgan-a-afanar.htm)

Como puede notarse, es un ejemplo más que evidente del descrito accionar conspirativo de los medios de comunicación hegemónicos. No alcanza la ironía para disfrazar la invitación a delinquir o desobedecer las normas. Es indudable que no está dirigida al jubilado, sino que está dirigida a todos los que pagan impuestos, señalándolos como embaucados por un Estado inmoral y que, por ello, es legítimo que se lo desobedezca.

Ahora, si el Estado al pagar a los internos penitenciarios por su trabajo está cumpliendo con sus obligaciones normadas, y que las mismas persiguen reinsertar en la sociedad individuos capaces de desenvolverse en el marco de sus normas de convivencia, ¿cómo es que Lanata logra ese efecto de un Estado injusto en el imaginario? Si el Estado al pagar las prestaciones jubilatorias también está cumpliendo con su compromiso, pero este cumplimiento es insuficiente, parcial, cuestionable o perfectible ¿por qué Lanata elige dirigir la tensión a la comparación y no directamente acentuar la tensión existente entre jubilados y la administración?

El segundo interrogante es sencillo de responder, los jubilados no están cohesionados y el modo en que las instituciones podrían resolver esa tensión podría afectar directamente a sus intereses, digamos un impuesto que permita recaudar para saldar el compromiso con los jubilados.

Del cómo Lanata logra el efecto podemos señalar un detalle fundamental de su argumentación: el uso de pseudo-silogismos. Cotidianamente se construyen numerosas argumentaciones con las estructuras formales de los silogismos y generalmente se corresponden al famoso modelo de Guillermo Occam (Todos los hombres son mortales. Sócrates es hombre. Sócrates es mortal.), pero no siempre se los formula correctamente, generando pseudo-silogismos. La primera teoría acerca del silogismo pertenece a Aristóteles, quien lo presenta como una estructura compuesta de tres preposiciones, las dos primeras denominadas premisas (mayor y menor según los términos que contengan) y la tercera conclusión, su valor demostrativo descansa puramente en propiedades formales. Los teóricos del silogismo establecieron que si se admiten sólo cuatro tipos de premisas (universal afirmativa, universal negativa, particular afirmativa, particular negativa) y se sabe que la posición del término medio define cuatro figuras según sus relaciones sintácticas con la premisa mayor y la premisa menor, las conclusiones válidas están sometidas a reglas formales estrictas. Ignorar estas reglas deviene en un absurdo (que divierte mucho a los niños y a Lanata) por ejemplo: Los enanos son hombres. Sócrates es un hombre. Por lo tanto, Sócrates es un enano.

Demostrar el pseudo-silogismo de Lanata implica analizar los sentidos de las premisas, pero aún forzando esos sentidos y logrando hacerlos coincidir en un silogismo formal, esa estructura no aporta en sí a la validez de su argumento puesto que la misma puede tener premisas falsas sin que la afecten. En el caso de Lanata, la intención, tanto en forma como en modo, sigue posicionándose por sobre el argumento.

Por supuesto que Lanata también logra su objetivo desde la forma, irrespetuosa y desafiante de las normas morales. Su personalidad pública (y me consta que la privada también) está construida sobre la idea de que es suficientemente legítimo que la inteligencia o el conocimiento prevalezcan sobre la moral acordada. Esto que sucede en todos los ámbitos, en los medios de comunicación puede ser utilizado como arma. Y en el caso de Lanata están interiorizadas en su personalidad, ejemplos sobran: fuma en un lugar que está prohibido hacerlo y desafía diciendo que lo hace porque él vive así o que dejará de hacerlo cuando los que velan por el cumplimiento de la norma dejen de robar (Una extorsión absurda, puesto que es un hecho que él fuma en donde no está permitido, pero que los extorsionados roben debe ser probado en el foro que corresponda); También podríamos mencionar el acoso intelectual sobre un  menor de edad, las expresiones homofóbicas, sus expresiones sexistas, su vocabulario grosero en horarios protegidos, la presentación de documentos y pruebas falsas, trazar apologías del delito varias, etc. Por esto podemos percibir a Lanata como una persona de hecho, un natural de la moral impuesta para justificar la desobediencia y permitir la reproducción simbólica, un creador de enanos.

El enano de Lanata descansa en una estructura que lo cobija y disimula su dimensión. La reproducción de un pensamiento hegemónico desde el monopolio de los medios de comunicación, no necesita de argumentos y casi con seguridad que no existen tales para justificarlo, lo que necesita es inmunidad.

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