Durante las últimas inundaciones que afectaron al Municipio de Tigre, los medios de comunicación atendieron las características más potables para la construcción narrativa de sus enfoques sobre el contexto sociopolítico; en rigor, para utilizarlas como herramientas de sus acciones de injerencia sobre dicho contexto. Recordemos que son empresas, negocios de comunicación establecidos con múltiples propósitos (entre ellos el de modelación ideológica) y no meramente servicios como se presentan.

Así es que pudo verse, leerse y oírse un hilo continuo sobre la desgracia de los afectados, acentuando esa desgracia principalmente desde la imagen y el relato en tercera persona, los de primera persona escasean porque requieren una selección previa o una edición posterior (y como sabemos la inmediatez aporta su cuota de verosimilitud al relato). Sin embargo, paralelamente, esos relatos proferían un llamado de atención a la moral de los responsables político-administrativos (seleccionados por ellos) mientras destacaban la supuesta moral opuesta de otros candidatos a la administración pública (financiados por ellos). Indignándose, con la imagen de fondo de una niña con el agua en la cintura, ante la ausencia en el lugar del gobernador (o su presencia en un partido de fútbol); o indignándose por lo mismo, con la imagen de fondo del ex intendente y candidato presidencial con el agua en las rodillas, mientras se señala la imagen de la “realidad” de quien asume una respuesta moral ante la tragedia.

Sin embargo, excepto los medios de difusión públicos y los medios alternativos de bajo presupuesto, al realizar estas relaciones entre la tragedia y las responsabilidades nunca profundizaron las causas naturales, ni la influencia de las actividades humanas en esa zona y otras que influyen sobre ella, mucho menos aquellas que involucran como responsable a su paladín moral (el ex intendente). Pero lo interesante de esto no es que sus construcciones sesguen la realidad a la altura que le conviene (para el intendente alcanza hasta las rodillas, porque si fuera por la niña hubieran preferido ponerle la realidad al cuello), sino que tampoco podrían lidiar con panoramas más amplios de la realidad por una cuestión de competencias (o la notable ausencia de las mismas).

Entonces, no estamos refiriéndonos meramente a la construcción narrativa de la realidad o a las voluntades de representación de la realidad, sino también a la incapacidad de los divulgadores o voceros mediáticos. Claro está que, estos voceros, son elegidos intencionalmente y que los mismos cumplen requisitos de otras preformaciones de verosimilitud (la mayoría de ellos no lo saben o prefieren hacerse los distraídos). Esta conjunción de una realidad representada a fuerza de imágenes relatadas y la de los divulgadores que apenas pueden reproducir tal representación, aporta sencillez aprehensiva suficiente que, sumado a la ausencia de representaciones que puedan oponerse en ese nivel superficial, logra establecer la plausibilidad de lo narrado, lo que resulta funcional al enfoque del narrador, un enfoque desde intereses subjetivos (en última instancia de clase) que se alza victorioso en la batalla de intersubjetividades que determinarán la construcción del imaginario social.

Los detalles de estos mecanismos son descritos y analizados con mayor rigurosidad en el ensayo  “La cuadratura de la realidad” que está bajo revisión (incluso el título) y pronto publicaré aquí. Por ahora, volvamos al Tigre.

Me acerqué al Municipio de Tigre cuando las aguas ya habían bajado, no por una fobia a los fluidos y mucho menos como metodología de investigación, el hecho fue meramente circunstancial. Lo cierto es que bastaron unas cuantas horas de sol para que se seque casi todo, por lo que, luego de un breve recorrido, me dispuse a escuchar a sus habitantes.

No me extrañó que la mayoría de los consultados resonaran cual eco de las noticias, sin embargo sí me llamó la atención que ninguno de ellos había sido afectado por las aguas, cosa que me empujó a indagarlos y caer así nuevamente en las actividades de mi antiguo oficio (la curiosidad también es determinante en la personalidad de los periodistas, no solamente la prepotencia como quieren hacernos creer).

Resultó que mis indignadísimos interlocutores vivían en las zonas elevadas de los barrios cerrados, eran empleados públicos del municipio o comerciantes de la zona céntrica (que sí se inundó). Corroborado esto, me conduje nuevamente  a los barrios más afectados y si bien volví a oír el eco de los noticias como respuesta mayoritaria, ahora se sumaban quejas que señalaban otros responsables, precisamente mis primeros interlocutores.  Allí entonces puede internalizarme acerca de cómo el rellenado de bajíos ribereños y humedales para la construcción de barrios cerrados, impide que el río en sus crecientes siga anegándolos y que el agua sea desviada hacia zonas del casco urbano. También pude informarme que un puñado de habitantes de esos barrios concentra la actividad económica del municipio, y que este puñado de habitantes son socios, amigos, empleados, empleadores o clientes de los administradores públicos y que, como resultado de estos vínculos, sus actividades no están controladas sino por el contrario estimuladas desde la complicidad societaria.

Ahora, quienes se mantuvieron informados a través de los medios hegemónicos, salvo aquellos que experimentaron la inundación, luego del recorte representativo de la realidad y su narración de sentencia moral descriptivista, nadie podrá considerar la variable de que emprendimientos empresariales ejecutados sin ningún control político-administrativo local, quitan espacios al río para que pueda retener sus crecidas y en consecuencia ocasiona inundaciones.  Es decir, que esta mediatización no solamente representa realidades bajo la forma de sus intereses, sino que construye narraciones con el objeto de atribuir morales (que no tiene) a un grupo de pertenencia.

Resumiendo: los medios hegemónicos presentan un paquete cerrado de percepciones y de fácil alcance en su accionar repetitivo (acentuado en comunicadores tartamudos), para instaurarlo dentro del sentido común o el imaginario social respecto de cómo se debe ser moralmente, sin embargo su eficacia o funcionalidad tiene el límite de la realidad vivencial (de la subjetividad de aquel al que han mediatizado) y entonces se ve el doble filo del cuchillo que recorta la realidad, porque la misma moral que pregonan los condena o condena a los de su clase (a su razón de identidad).

S

P.D.: El final de mi recorrido por Tigre merece nota aparte, pero estoy viendo aún de que modo se lo puede incluir en un análisis sémico sin forzar demasiado las cosas, de no lograrlo adjuntaré link a mi Blog personal.