Dado que la idea de esta entrada es señalar nuevamente las construcciones discursivas sustentadas en falsos principios de autoridad y de cómo se construye su apariencia de validez, simplemente tomaremos algunos de los dichos de Sabsay, aquellos que son menos evidentes en la ejecución de su propaganda ideológica.

Ya hemos hablado muchas veces acerca de cómo el imaginario cultural realiza síntesis y qué, de ese modo, un aspecto puede trasvasar lo meramente institucional. También ya hablamos de cómo los medios de comunicación promueven y fuerzan esas síntesis.El caso de las acreditaciones es quizá el más emblemático.

El título académico no tiene correlación con el conocimiento o con la idoneidad, no es más que una acreditación para desempeñar una actividad regulada, ciertamente se supone que para obtenerlo se debe contar con un mínimo de conocimientos para desempeñar tal actividad, pero no poseer el título no necesariamente niega los conocimientos que alguien pueda tener sobre lo que este requiere, no tener título no implica desconocimiento. Sin embargo los alcances del imaginario que supone lo contrario, sintetizado por los medios cómo válido por acreditación, lo que provoca es una censura dialógica por fuera de la élite acreditada.

Sabsay se aprovecha de ello, accidentalmente por estar sumergido en ese imaginario o intencionalmente por ser parte de la élite legitimada por los sintetizadores. En cualquiera de los casos lo que logra es reafirmar ese imaginario, lo que sencillamente podemos identificar como reproducción ideológica de la clase dominante.

Mirando menos profundamente, varios interrogantes surgen de los dichos de Sabsay en referencia a la Presidenta: “Ya no tengo ninguna duda de que no sabe nada de derecho. Qué muestre el título de abogada, que no lo esconda más”.

¿En qué fundamentaba Sabsay su reciente certeza acerca de los desconocimientos sobre Derecho de la Presidenta? Sabsay no fundamenta, pero no solamente eso, qué la Presidenta desconozca sobre Derecho no alcanza para deslegitimar los dichos de la misma (recordemos que Sabsay lo dijo luego del discurso de la Presidenta donde hizo referencia a la evasión impositiva del diario La Nación por $280 millones).

¿Bajo qué forma de autoridad exige que muestre el título de abogada y a qué fines? Tal como se expresó Sabsay, parece aludir a un derecho de ciudadano y a fin de simple curiosidad, de ser así hay mecanismos para ello. Sin embargo, parece que Sabsay cree estar por sobre los ciudadanos y poder exigirlo desde un estrado en una reunión privada, a sabiendas que un sector de la prensa trasladaría sus palabras adecuadamente a sus intenciones al conocimiento público.

Sabsay también afirmó que si la Presidenta muestra el título, “tendré que disculparme” y qué, en caso contrario, “es usurpación de título y un delito”. ¿Disculparse por sus afirmaciones infundadas? ¿Por hacerle perder el tiempo? ¿Qué relación encuentra Sabsay entre “ocultar” un título y “la usurpación” del mismo? Para esto último no hay lógica alguna, salvo la subjetiva presuposición que tiene Sabsay de creer que está oficiando de Juez ante su propia denuncia. Sin embargo, respecto de las disculpas hay más tela para cortar y aquí vemos como interviene la mediatización de sus dichos.

Primero debemos considerar que la situación argumentativa (momento dialógico de la argumentación) se da en un marco originariamente conflictivo, pero de los diferentes tipos de conflictos que pueden existir uno es irreductible, insalvable, el “malentendido”. La mediatización promueve directa o indirectamente el malentendido de diferentes maneras, dejando de lado las más evidentes (distorsión del canal, anacronismo, asincronismo, etc.) cuando los medios de comunicación son los que mediatizan son estos los que controlan el auditorio y son los que incorporan la escala valorativa tanto de los argumentos como de los argumentantes. De este modo el mediador asegura el control predominante de su posición ideológica invistiéndola de objetiva, dado que no es parte.

Por ejemplo los dichos de Sabsay acerca de la Presidenta pueden ser calificados como “especulativos”, “infundados”, “prepotentes”, “provocadores” o bien como los medios hegemónicos los destacaron “duras críticas”, “duras declaraciones”, “Sabsay duda de”. Además, como es notable, la elección de los calificativos de los medios corporativos implícitamente corren el eje de lo dicho hacia quien lo dice, así se valora como “crítico”, se autoriza al “declarante” y se lo protege transformando sus afirmaciones en “dudas” (sabemos que dijo “Ya no tengo ninguna duda…”).

Pero también fomentan la confusión y el malentendido desde la semántica, por ejemplo Informe Digital: “Más tarde afirmó que si la mandataria muestra la respectiva documentación, tendrá que ”disculparse”, aunque, en caso contrario, dijo, “es usurpación de título y un delito”. ¿Quién “tendrá” que disculparse? ¿La mandataria? ¿Por qué entrecomillan la palabra “disculparse”, cuando dijo “tendré que disculparme”?

La cuestión es, si seguimos hablando de lo que habla Sabsay y pretendemos resolver el conflicto argumental, debemos separarlo de la posición o rol que le asigna el mediador o lo que sería más productivo, invitarlo a un diálogo directo… el problema es que quizá tampoco logremos mucho, porque es muy probable que Sabsay no exista y tan sólo sea el mediatizador de un discurso autoritario preexistente.