Introducción

El ojo en la viga, hace buen tiempo atrás, fue una publicación impresa destinada a la discusión y tratamiento de distintas problemáticas de las Ciencias de la Educación y, más allá del cuidadoso trato de las temáticas, se destacaba por su apertura a la participación de la comunidad de interés. El flujo analítico de su contenido se producía de modo horizontal entre funcionarios, docentes (en roles de alumnos y profesores), filósofos, autores e investigadores. Esta modalidad de producción de contenidos era el pilar del resultado global de la propuesta, brindándole un status de referencia y consulta dentro de las instituciones de Formación Docente a pesar de su modesta confección y alcance.

 

Como Director de la publicación siempre tuve conciencia de estas virtudes y por ello hoy acudo a su nombre tratando de reproducir su espíritu en este blog. Acepando las limitaciones del mismo y en el intento de aprovechar sus humildes alcances, no se me ocurre nada más prudente que conjurar a aquellos dispuestos a un acuerdo esencial como base de la construcción dialógica.

 

En esta prudencia subyace la consideración de un cuerpo de ideas pluralista y su posibilidad de discusión tanto en la confrontación conceptual como de las diferencias estructurales en que se sostienen. El acuerdo, entonces, debería funcionar como el eje que facilite y provea de dinamismo a las discusiones emergentes.

 

La piedra fundamental que propongo es la argumentación, pues su mera ausencia en un discurso define a éste como autoritario y en consecuencia el diálogo es imposible; refiriéndome, claro está, al discurso como una concreción de ideología y no como modelo de enunciación. Si bien toda manifestación argumentativa pretende convencer, en esa tarea se desarrollan estrategias o conductas determinadas por los valores y la ética (en uso sustantivo), así como un marco de razonabilidad y objetividad pues busca adhesiones. Por el contrario un discurso autoritario pretende el sometimiento, las estrategias que desarrolla están por fuera del contenido, generalmente apoyado en el lugar de mando (legítimo o no) que ocupa su enunciador en la relación comunicacional, pero también apoyado en el ocultamiento de los verdaderos argumentos e ideólogos (las corporaciones mediáticas como propietarias de los canales de flujo son el más claro ejemplo de estos casos).

 

Por otra parte, aunque estrechamente ligado a lo manifestado en el párrafo anterior, nuestro acuerdo debe permitir que esa pluralidad no sea restrictiva a las credenciales habilitantes de opinión. En principio porque la historia está plagada de reconocidos pensadores que nunca han necesitado certificados previos (sin considerar a los que de nada le han servido) y en segunda instancia porque el diálogo prospera más fácilmente por fuera de los sistemas modelizantes de las instituciones.

 

Ahora, Ud. podrá preguntarse ¿por qué un diálogo y no un debate? y también, habiendo tantos ¿para qué este blog?

 

La segunda supuesta pregunta es la más fácil de contestar: porque todavía se puede generar espacios y cuanto más se promuevan, más oportunidades de que se sostenga la pluralidad; una muy modesta (pero muy simbólica) manera de validar o reafirmar la funcionalidad de la desmonopolización discursiva (incluso cuando apenas alcance para la difusión de la cultura de la comunidad Wichi -logro despreciable para Jorge Lanata-).

En tanto a la primera interrogación que le he impuesto, promuevo un diálogo porque éste establece interlocutores y rescata su contenido en el resultado del par propuesta-respuesta, asignándole a este un valor objetivizado u acordado que permite escalonar o profundizar el asunto de discusión; un debate por su parte refiere exposiciones acerca de un cuerpo temático por fuera del intercambio comunicacional, es finito y considera una instancia de análisis interpretativo (inducido por el moderador de las exposiciones). Entonces, un diálogo, se nutre de argumentación, pregunta, comparación, contra-argumentación, respuesta, exposición y reformulación; pero también, principalmente, puede ser evaluado en su desarrollo histórico y rescatarse de allí los diferentes aportes y conclusiones temporarias.

 

Establecido de alguna manera el carácter pretendido para el espacio, hago un breve comentario de los móviles que me condujeron a proponerlo, tratando de disimular la vergüenza de la segura sobrevaloración que he volcado sobre el mismo, pero también respetando el hecho ineludible de que las interrelaciones humanas sustentan su existencia en la comunicación y, por ello, ésta se nos presenta como un derecho natural y esencial del hombre.

 

Si bien hace años que estoy alejado de la investigación periodística y de los medios en general, nunca he abandonado mi posición crítica (o analítica si se prefiere) de la profesión y desde ese lugar lanzo este espacio.

 

Mi alejamiento, como el de tantos otros, fue un agotamiento, una rendición en la lucha contra la coacción del neoliberalismo y su censura disimulada en las leyes del mercado. Es cierto que quedaron algunas trincheras de resistencia, pero la mayoría quedamos al descubierto y, por mi parte, trasladé esa pelea por la libertad de expresión a mis tareas como docente y a mis actividades en la web (que no se relaciona con contenidos conceptuales sino con la investigación y el sabotaje técnico, cada quien resiste como puede). Lugares que no pienso abandonar aunque ahora las trincheras sean más amplias y puedan albergarme, en principio por respeto a aquellos que no se han rendido, pero también para dejar esas plazas a las nuevas camadas que vienen mejor sincronizadas con los tiempos que corren.

 

Entonces, de alguna manera, el espacio propuesto es para aquellos que quieran construir sobre las diferencias, a salvo de los campos de debate propuestos desde intereses simulados y polaridades engañosas. Siempre que se respete el acuerdo esencial, cualquiera pude participar de las entradas propuestas o inaugurar las que consideren oportunas.

 

Para evaluar el alcance de la invitación abrí una entrada para analizar Plataforma 2012. El tema no es un capricho, lo elegí porque considero que su planteamiento es precisamente la antítesis de ésta propuesta de discusión y por el particular hecho de que Plataforma 2012 sea alentada por empresas que siempre han evitado, silenciado y desprestigiado cualquier debate que expusiera sus intereses o comprometiera su lugar de privilegio.

 

Espero que la entrada los tiente y para cerrar la invitación dejo una frase de un referente incuestionable por su ética profesional, Carlos Abrebaya, de quien fui alumno y colaborador.

 

“Hasta ahora no he descubierto que deba pensar de otra manera, al menos por razones honestas. Por razones deshonestas sí, pero todavía no me interesan demasiado”.

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